Mostrando entradas con la etiqueta Rarezas reflexivas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rarezas reflexivas. Mostrar todas las entradas

Hasley

"A lo cual, recuerdo, que Hugo respondió con un gesto de ademán con la mano derecha. Sí… recapitulo y sonrío para mis adentros al admitir que parecíamos unas nobles aristócratas elitistas y asqueadas del populacho. Aun que en realidad no era siempre así, también teníamos unos cuantos momentos de lucidez en que intentábamos cambiar el mundo.
Pero volvamos a Marta: decía que no podía evitar observarla. Apenas conocía su interior o sus valores pero, esos ojos claros color miel escondían algo que se me escapaba en todas sus miradas;  y tenía una sensación que me carcomía por dentro. A mitad del segundo plato (no recuerdo qué cenamos) sonó su teléfono móvil y, por su expresión, comprendí que estaba esperando esa llamada desde hacía horas.
Respondió a la llamada con un “hola” inaudible para toda la mesa,  su tono de piel y los rasgos de su cara habían cambiado de pronto. Casi podría decirse que no era la misma persona, no era Marta durante esos segundos.  Debían de ser noticas malas pero predecibles, pensé.  La comisura de sus labios se había endurecido, su entrecejo ya no estaba relajado y su nariz parecía inactiva, como si hubiera dejado de respirar por espacio de minutos..."


El último autobús de la calle Hasley
Tú,  que tocas Cada Dado
que yo lanzo, dado
dominante y dormido
de pares problemas
e impares soluciones.
Primos son los números,
igual que las personas
que creemos que se puede
llorar sin que te oigan...
Cada dado, cada paso:
oportunidades perdidas,
largos caminos sin asfalto
y cortas acercas baldías.
Cada día, cada hora,
queriendo, buscando la
combinación ganadora.
Y saber que ya no existe,
la forma de ganar
que de un momento a otro
esto va a acabar...
(2009)

Repugnancia de la mentira

Las palabras no son más que palabras
No tienen aspas o clavos, ni están afiladas.
Pero duelen y huelen a podrido,
cuando salen de una boca
en la que alguien se ha corrido.
Son ornamentadas vendas
Que cubren mis ciegos ojos.
Son todas las toallas
con las que seco charcos rojos.
Dejé de ver tu sonrisa calida
Como el aire fresco que ventila.
No volví a sentir tu tacto
Como alcohol que me destila.
Tu presencia me produce pavor
Y tus dulces ojos,
me recuerdan al carbón.
Te veo a diario y ahora
Se me indigestan las mañanas
¿Cuánto te debo?
Mi querida fulana.

Desayuno

Nunca os habéis parado a pensar en esos momentos en los que nos quedamos absortos por que alguien está disolviendo el azúcar en su taza de café. Me encanta el sonido de la cucharilla que nada en el café por las mañanas. Me encanta el olor a café que sale de la cocina cada día (me encanta menos cuando ya no queda café para mí). Me relaja hundir los dedos en el paquete de café aunque luego se me quede la mano negra, me distrae la forma del humo que sale de mi humeante taza mientras la llevo al comedor. Eso sí, yo desayuno con calma y tranquilidad. Sin tele. Sin periódico y sin cereales.
Actualmente mantengo una relación estable con un señor que está en mi cocina todas las mañanas: mi café