Las palabras no son más que palabras
No tienen aspas o clavos, ni están afiladas.
Pero duelen y huelen a podrido,
cuando salen de una boca
en la que alguien se ha corrido.
Son ornamentadas vendas
Que cubren mis ciegos ojos.
Son todas las toallas
con las que seco charcos rojos.
Dejé de ver tu sonrisa calida
Como el aire fresco que ventila.
No volví a sentir tu tacto
Como alcohol que me destila.
Tu presencia me produce pavor
Y tus dulces ojos,
me recuerdan al carbón.
Te veo a diario y ahora
Se me indigestan las mañanas
¿Cuánto te debo?
Mi querida fulana.