Nunca os habéis parado a pensar en esos momentos en los que nos quedamos absortos por que alguien está disolviendo el azúcar en su taza de café. Me encanta el sonido de la cucharilla que nada en el café por las mañanas. Me encanta el olor a café que sale de la cocina cada día (me encanta menos cuando ya no queda café para mí). Me relaja hundir los dedos en el paquete de café aunque luego se me quede la mano negra, me distrae la forma del humo que sale de mi humeante taza mientras la llevo al comedor. Eso sí, yo desayuno con calma y tranquilidad. Sin tele. Sin periódico y sin cereales.
Actualmente mantengo una relación estable con un señor que está en mi cocina todas las mañanas: mi café